
Decimos que la sanidad se encuentra en una encrucijada derivada de la transición epidemiológica, demográfica y tecnológica. Añadamos a este escenario la encrucijada de los profesionales.
Se apunta a que la transición profesional deriva de la mercantilización de la medicina, de la paradoja sociedad-administración. Yo añadiría también la transición generacional de valores. Todas las encrucijadas generan retos, temores y oportunidades. La pandemia añadió incertidumbre y desánimo en el colectivo sanitario, pero también mostró solidaridad, altruismo y orgullo a nuestra profesión. De todas formas, creo que necesitamos urgentemente revivir el concepto de “profesional médico” y promover la reflexión en esta área…
Creo que hay que incidir en el concepto de educación integral, que contempla las 4 dimensiones: el conocimiento, la práxis, la ética y la relación con otros. Estas dimensiones nos permiten aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir, respectivamente. Las dos últimas no son menos importantes que las primeras.
Estaremos de acuerdo en que este enfoque de educación integral se debe desarrollar desde la más tierna infancia, pero también en la formación médica especializada. En la formación sanitaria especializada no se trata solo de adquirir conocimientos o habilidades, sino también de desarrollar el “saber ser” y el “saber estar”, lo cual nos ayudará a crecer como buenos profesionales el día de mañana.
La Geriatría, con el trabajo en equipo como uno de los paradigmas de la especialidad, facilita el desarrollo de la inteligencia emocional, las habilidades comunicativas y los valores de respeto, tolerancia y compromiso. Por lo tanto, en Granollers tenemos la suerte de contar con un entorno propicio para este aprendizaje, como se ha demostrado a lo largo de ya 33 generaciones de residentes.
La adquisición de estas competencias y su seguimiento durante la residencia se centran en la figura de los tutores. Ellos son una pieza fundamental en este proyecto de educación integral, y por ello, quiero aprovechar esta ocasión para agradecer la labor de los tutores del Servicio de Geriatría en esta abnegada y difícil responsabilidad. Citando al profesor Dr. Miquel Vilardell, los tutores son nuestros “maestros”, personas dignas de ser imitadas que marcan el camino a seguir en el mundo profesional.

