La información reside en libros, revistas, entre otros, mientras que el conocimiento es propio de las personas. Podemos entender el conocimiento como la información aplicada, pero no por acumular más información se está mejor informado y no por estar mejor informado uno sabe más. Cada vez el acceso a la información resulta menos complicado, permitiéndonos con frecuencia disponer más de la que podemos gestionar acumulándose, traspapelándose y a menudo obstaculizándonos.
Diariamente se publican estudios con datos novedosos y estadísticamente significativos apoyando teorías determinadas… sin embargo, la mayoría no logran aportar algo valioso o son sustentados con la estadística de interpretaciones preconcebidas que no acaban siendo ciertas1.
La impactología, dolencia de la que padece actualmente la comunidad científica, que no es más que la investigación entendida como un medio para obtener una reputación, cada vez nos aleja del objetivo final de la investigación: mejorar la práctica clínica2… En nombre de la medicina basada en la evidencia, cada vez más, mucho ruido y pocas nueces.
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento, y donde el conocimiento que hemos perdido en la información?
Parafraseando a Trisha Greenhalgh, la medicina basada en la evidencia puede ser a veces: la glorificación de las cosas que pueden medirse sin tener en cuenta la utilidad o exactitud de lo que se mide, la aceptación acrítica de los datos numéricos publicados, la preparación de guías que abarcan todo por autoproclamados expertos alejados de la práctica médica real, la degradación de la libertad clínica por la imposición de protocolos clínicos rígidos y dogmáticos y el exceso de confianza en análisis económicos simplistas inapropiados y a menudo incorrectos. En realidad, son críticas contra aquello que el movimiento de la medicina basada en la evidencia combate y no lo que representa, que sería lograr que la asistencia del paciente sea más objetiva, más lógica y más coste efectiva3.
Conforme aumenta el número de publicaciones se incrementa la sobrecarga informativa o infoxicación4 que puede terminar por agobiarnos, confundirnos y llevarnos al desinterés. Resulta fundamental por tal motivo filtrar la información que queremos recibir mediante búsquedas eficaces, fuentes fiables y adecuados sistemas de almacenamiento. Los gestores bibliográficos como Mendeley o EndNote, entre muchos otros, se han constituido como herramientas imprescindibles, para gestionar dicha información permitiendo ampliar conocimientos mediante lecturas críticas dirigidas.
Esta realidad nos ha llevado a crear una carta de actualización bibliográfica a través de la plataforma NETVIBES. Esta página es un panel que ofrece contenido de interés del ámbito Geriátrico con actualizaciones automáticas mediante RSS y que ofrece una experiencia de lectura optimizada. Como en una carta de restaurante, cada uno podrá escoger según preferencias, hábitos, tolerancias y alergias, ni mucho menos pretende empachar, aunque eso depende de lo ávido que seas y de tu capacidad de digerir la información.
REFERENCIAS
- Munafò, M. R., Nosek, B. A., Bishop, D. V., Button, K. S., Chambers, C. D., du Sert, N. P., … & Ioannidis, J. P. (2017). A manifesto for reproducible science. Nature Human Behaviour, 1, 0021.
- Bonfill, X. (2000). Asistencia Sanitaria Basada en la Evidencia. Sanidad Y ediciones(SANED), 227.[libro en línea][disponible en http://www.sefh.es/bibliotecavirtual/asbe/asbe.pdf] (consultado 15/03/17)
- Greenhalgh, T. (2014).How to read a paper: The basics of evidence-based medicine. John Wiley&SonsLimited
- Cornella, A. (2010). Infoxicación: buscando un orden en la información.[libro en línea] [disponible en http://www.infonomia.com/books/infoxicacion/] (consultado 15/03/17)


